OPINIÓN

Jorge Alemán: “Alberto Fernández quiere iniciar una nueva cultura política en la Argentina”

Jorge Alemán: “Alberto Fernández quiere iniciar una nueva cultura política en la Argentina”
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Por Martín Piqué – 

Del otro lado de la línea se escucha la voz de Jorge Alemán. Y se lo escucha entusiasmado. Psicoanalista, poeta y -podríamos decir-  teórico político, Alemán vive en España desde que tuvo que exiliarse forzadamente, en aquel 1976. Desde entonces es una suerte de embajador de la cultura argentina en Madrid, y además un participante activo en los debates y los cruces entre la nueva izquierda europea y el nacionalismo popular latinoamericano. Su pasaporte testimonia que es un pasajero frecuente de los vuelos que atraviesan el Atlántico: suele visitar el país una o dos veces al año, incluso tiene un departamento en Buenos Aires –sobre la avenida Callao- que lo espera como base de operaciones.

Alemán es, también, un intelectual bastante activo en la Vieja Europa, particularmente en España. Lo mismo en el nuevo continente. Algunos de sus libros analizan los cruces entre neoliberalismo y subjetividad; otros retoman, aunque con innovaciones y diferencias, planteos del fallecido Ernesto Laclau y de su esposa Chantal Mouffe sobre la construcción populista a partir de la representación y articulación de demandas insatisfechas por el Estado. En esta entrevista, cuyo contenido inicialmente se emitió en el programa “Vayan a laburar”, de la trasnoche de la Radio AM750, Alemán analiza el triunfo electoral de Alberto Fernández y el tiempo histórico que se abre en la Argentina.

-¿Qué significó lo que se vivió esta semana en la Argentina? Podríamos catalogarlo como un freno bastante rápido en términos históricos, por parte del pueblo argentino, a un gobierno neoliberal?

-La verdad, en primer lugar, fue todo muy emocionante. Para mí generación es un verdadero orgullo. Porque conozco y me siento muy cercano de muchos de los representantes de este gobierno que a partir de ahora adquieren responsabilidades. Y luego la tensión creativa, vamos a decirlo así, que pusieron en acto tanto Cristina como Alberto también fue histórica porque no son dos discursos complementarios, pero tampoco son dos discursos opuestos. Son dos modos diferentes de converger en una misma causa. Y luego, el discurso del presidente, el discurso del Alberto, que además de llamar a la reconstrucción del país después de la devastación macrista también tiene un carácter fundacional. Porque el macrismo, de cierta forma, fue revelador de una fragilidad estructural de nuestro país. En el discurso de Alberto se ve una intención de reconstruir, que es lo más urgente, sino también una intención fundacional: una intención de volver a reencontrarnos como nación. Así que todos estos aspectos, en un mundo geopolíticamente muy adverso, son altamente significativos. Tendremos que ver con mucha atención qué pasa porque realmente estamos en una situación, en el mapa del mundo, en la que lo que está pasando en la Argentina es insólito.

-¿Lo que pasa en Argentina está a contramano de lo que pasa en la región, quizá?

-De lo que pasa en el mundo. Incluso el modo de ser de ellos dos está a contramano de lo que pasa en el mundo. No creo que exista en ningún lugar del planeta un presidente y una vicepresidenta con estas características. Porque por un lado no están peleados y por otro lado tampoco son complementarios, sino que cada uno abre un espacio distinto, una enunciación diferente, una dramática distinta, un modo de dirigirse a su pueblo también distinto. Hay muchos rasgos que vuelven a mostrar que la Argentina es un país excéntrico.

-Esta semana se vivió un episodio poco habitual cuando el representante de mayor nivel del gobierno de Donald Trump que había viajado a Buenos Aires para asistir a la asunción de Alberto Fernández (Mauricio Claver-Carone, del Consejo de Seguridad Nacional) protagonizó lo que se podría definir como un ‘portazo diplomático’. Lo que buscó era transmitir una suerte de protesta por la presencia en Argentina de un funcionario de Nicolás Maduro y del ex mandatario de Ecuador, Rafael Correa. La posición de EEUU parece ser presionar al gobierno de Fernández para que defina a la administración de Maduro como “una dictadura” y a cambio de esa decisión política reciba ayuda por parte de Washington en la renegociación de la deuda externa. En definitiva, ¿cómo cree que será la relación de la administración Trump con la gestión de Alberto Fernández en los próximos cuatro años?

-Muy difícil. En primer lugar, yo no tengo más remedio que ser mal pensado y pienso que el representante de Trump (Claver-Carone) sabía con quiénes se iba a encontrar (en Buenos Aires). Así que actuó. Eso fue una actuación.

-¿Una operación política?

-Sí. Puede ser una presunción mía pero me parece que fue una operación política. Y tiene muchísima gravedad porque toda la prensa internacional que leí hoy tuvo una lectura alarmante: acompaña eso. Toda la prensa hegemónica del mundo está a contrapelo de toda la emoción y alegría que vivimos ayer en Buenos Aires. No ahorran ningún adjetivo: “irrupción del populismo”, “amenaza a la división de poderes”.

-¿Está hablando de la prensa argentina o europea?

-No, mundial. La prensa mundial. Hoy cualquier diario de los diarios hegemónicos de Europa es golpista. Para decirlo de una manera extrema.

-¿Para ellos el peligro es Alberto Fernández y no la presidenta de facto de Bolivia Jeanine Áñez, que probablemente ya tenga crímenes de lesa humanidad sobre sus espaldas?

-El golpe de Bolivia es el ejemplo histórico de mayor grado. Antes un golpe de ese tipo hubiera reunido rápidamente a un conjunto progresista unánime. Sin embargo, el golpe en Bolivia ha demostrado que hay una fractura interna del progresismo. En el interior mismo del progresismo ese golpe fue discutido. Y hay que constatar, para decirlo de una manera muy rápida y serena, que hay un progresismo de izquierda y un progresismo de derechas.

-Algunos intelectuales acuñaron la definición “progresismo neoliberal” para referirse a ese tipo de posiciones.

-Esa puede ser una fórmula. Hay varios discursos y varios debates, incluso con sectores del feminismo, que en las últimas semanas pusieron el acento en los errores de Evo Morales y no en la catástrofe que significaba el golpe. Eso es nuevo.

-¿Eso lo dice por las declaraciones de la teórica feminista Rita Segato?

-Pero no sólo de ella. Porque a mí rápidamente me pusieron en oposición con ella y a mí no me interesaba eso en particular, sino la corriente de opinión que empecé a ver. Una corriente de opinión internacional. Antes un golpe de esas características hubiera significado un manifiesto a página entera en varios diarios de Europa condenándolo. No hubo nada de eso. Nada de eso. Quiere decir, entonces, que estamos frente a una novedad histórica. Hay gente que empieza a decir: “Bueno, pero los errores de Evo…” Todos los cuestionamientos que supuestamente se realizan desde las formas republicanas y constitucionales, entre comillas, porque no son ni republicanas ni constitucionales. Y el golpe de Bolivia da escalofríos. Porque verdaderamente es un antecedente terrible en el sentido de que ha generado más bien un debate, pero no una condena unánime.

-Hablando de Bolivia, ¿qué piensa de la decisión de Argentina de acoger en su territorio y otorgarles el estatus de refugiado político a Evo Morales, a Álvaro García Linera y a otros ex funcionarios del gobierno del MAS? ¿Y cómo vivió la llegada de Evo a Buenos Aires?

-La llegada de Evo a la Argentina y el otorgamiento del estatus de refugiado político, a él y a sus colaboradores, confirman que Argentina inaugura otro espacio en Latinoamérica y cumple a su vez con la condición de pertenencia a la hermandad popular latinoamericana inaugurada por Néstor Kirchner.

-En la prensa internacional, respecto de Argentina, parece haber una intención bastante de obvia de aislar esta experiencia política. De aislar al gobierno de Alberto Fernández.

-Exacto. De que no cunda el ejemplo.

-En ese marco, para este gobierno el gran desafío va a ser renegociar la deuda. ¿Cómo ve ese proceso?

-Renegociar la deuda puede ser un aspecto técnico, el problema es dónde se inscribe esa renegociación. En qué marco geopolítico se inscribe. Y ahí es donde verdaderamente ve que estamos en una situación en la que vamos a tener que tener mucha fortuna, mucha suerte, porque además de los problemas técnicos que están implícitos en la renegociación de la deuda, y además del afortunado gabinete que Alberto ha sabido construir, está el problema de cómo se juega la coyuntura de las relaciones de fuerza internacionales. Hace unos años atrás, en Europa, a Grecia decidieron disciplinarla y la hundieron. Entonces, tenemos que ver qué margen tenemos. El signo de esta semana, de este representante norteamericano, es alarmante. Porque, como dijimos antes, eso no es una contingencia. Eso fue poner una mancha en el paisaje. Además, a diferencia de la época de la Guerra Fría, en la que veíamos tendencias internacionales constantes, hoy esas tendencias son mucho más aleatorias e imprevisibles. Entonces, tampoco podemos determinar de antemano “bueno, ahora resulta que vamos a tener que confrontar con esto o con aquello”. Hay que ver en cada situación y en cada coyuntura cómo se deciden las correlaciones de fuerza, las oportunidades, y veremos. Porque incluso la política internacional norteamericana es un poco compleja y confusa.

-Algunos dicen incluso que Trump no las tiene todas consigo pero también es verdad que las condiciones de vida de los trabajadores norteamericanos parecen haber mejorado con su polémico gobierno.

-Yo no le veo problemas a Trump. Yo creo que el impeachment éste por ahora no lo termina de destituir. Y luego, como usted dice, tiene una realidad económica interna muy consolidada. Y además, los candidatos demócratas interesantes están bastante a la izquierda de lo que son los Estados Unidos. Le diría, incluso, que están más a la izquierda que los políticos europeos. Los únicos dos que han condenado explícitamente el golpe en Bolivia son Bernie Sanders en EEUU y Jeremy Corbyn en Inglaterra.

-Usted ha planteado el neoliberalismo es una forma de vivir, un modelo económico dicen algunos, el sistema capitalista en su faceta post-industrial, con la financiarización de la vida. Una manera de vivir que deja poco espacio para sustraerse de esa colonización hasta del espacio del tiempo libre, del ocio. Hay una mercantilización de la vida. Con las premisas que usted desarrolló hasta acá, con este mundo, ¿hasta dónde podemos los argentinos y las argentinas soñar en este nuevo contexto y con este nuevo gobierno? ¿Qué utopías podemos pensar que son realizables y cuáles no?

-Utopías no sé si es ya la palabra adecuada, porque la palabra utopía encierra una idea de armonía, de realización final, que yo creo que en el tiempo histórico que estamos es difícil de conseguir. No estamos en el tiempo histórico de las utopías. En todo caso, como yo suelo decir, el crimen no es perfecto y en cualquier instancia pueden surgir proyectos políticos nacionales y populares que tengan un horizonte emancipatorio. Pero no son definitivos, ni tienen un punto de llegada, ni tampoco son enteramente irreversibles. Son como intentos que no hay más remedio que realizar. Bueno, ahora la Argentina está a la punta, a la cabeza de eso. Porque en el contexto latinoamericano Argentina iniciaría una secuencia. Es la posibilidad de construir un Estado soberano. Combinar Estado Nación y pueblo. Reconstruir el desastre macrista. E intentar volver a fundar una Argentina más justa más igualitaria. Esas posibilidades no están en absoluto garantizadas y no dependen exclusivamente de las intenciones de un gobierno político. Porque se está en el gobierno pero no se está afuera del neoliberalismo. No es que sin Macri se está ya afuera del neoliberalismo. No es que con la salida del gobierno macrista ha desaparecido el orden neoliberal si entendemos por orden neoliberal no simplemente un modelo destructivo de capitalismo. No. El neoliberalismo es el modo de concentración actual del capitalismo, que consiste en transformar a las vidas humanas en valores. En apropiarse de todo. Y para ese objetivo general los dispositivos de poder actuales cuentan con medios instrumentales como la Big Data, las fake-news y todo eso. Desde el discurso político emancipatorio se intenta la sustracción de todo eso, pero el discurso político tiene una limitación: en principio, como tiene que tener relación con la justicia y con la verdad, no está en las mejores condiciones para detener la aceleración permanente del capital.

-Alberto Fernández rejerarquizó ministerios que habían sido bajados de nivel, como Salud, Trabajo y Cultura, pero además creó nuevos ministerios. Una de esas nuevas carteras tiene que ver con la mujer, otra tiene que ver con el Medio Ambiente. Además, en su discurso de asunción, Fernández dijo que iba a apoyarse y a tratar de potenciar y representar el fenómeno emergente del feminismo en la Argentina, que es muy fuerte. El otro tema que está allí para ser representado y problematizado es la tragedia ambiental. Más allá, claro, de que en el discurso de Alberto no se escuchó la palabra ‘glifosato’ ni ninguna referencia a los agroquímicos. Como actualización del campo de ideas del espacio nacional y popular, ¿qué piensa de este acento puesto en lo ambiental y en el feminismo?

-Eso es lo más atractivo que tiene el peronismo, kirchnerismo mediante. Porque sin el kirchnerismo no hubiera sido posible esta metamorfosis del peronismo: esta capacidad que tiene para introducir en el campo de sus experiencias políticas todos los nuevos discursos transformadores. El discurso de Alberto fue un testimonio de eso. Es un movimiento nacional y popular que se hace cargo del feminismo, de la ecología, de nuevos conceptos, de la economía popular, de nuevas formas solidarias de concebir a la sociedad. El peronismo no queda petrificado identitariamente. Eso es lo que siempre desorienta a los europeos con respecto al peronismo. Porque tienden a verlo como algo estanco. Lo suelen ver como algo arcaico, identitario, solidificado en una tradición. Y es todo lo contrario. La cualidad que distingue al peronismo es que verdaderamente reinscribe en su experimentación política todos los discursos alternativos que surgen.

-Probablemente eso tenga que ver con su condición movimientista, que es histórica. Porque Perón sólo apelaba al partido en contextos electorales, como una herramienta circunstancial.

-Sí, claro. El peronismo es ternario: es Estado, es partido y es movimiento. No es exclusivamente Estado y partido. El problema que hay en Europa, justamente, con respecto a los partidos que quisieran ser nacionales y populares, la nueva izquierda para llamarla de algún modo, es que rápidamente quedan apresados en la forma Estado-partido, porque carecen de la pata movimientista. Por el contrario, el gran combustible de la Argentina es ese elemento movimientista. Un elemento que incluso hace que Alberto concluya su discurso con una referencia a Alfonsín. Que a mí me pareció clave. Porque Alfonsín es el nombre que separa a la dictadura de la democracia. Volver a restablecer simbólicamente a la figura de Alfonsín toma todo un sentido republicano y constitucional en el discurso de Alberto. Ya el kirchnerismo fue una experiencia en la que tradiciones republicanas y socialistas estuvieron integradas.

-Aunque el kirchnerismo también es una regeneración de la identidad de la izquierda peronista que, desde el 2000, expresa un diálogo y una revisión crítica a través del tiempo con aquella experiencia política, que en los años ’60 y ’70 tuvo mucha presencia e incluso adquirió una faceta armada.

-Y ahora lo sigue siendo también. De aquella experiencia de los ’70, la Tendencia (revolucionaria del peronismo), el aparato político, fue me parece a mí el componente más valioso. Esa es mi consideración. Y eso de algún modo, por supuesto transformado a esta época, con nuevas formas de traducción, sigue estando presente. En el kirchnerismo hay muchísimo de eso.

-En el discurso de Alberto apareció una expresión fuerte, que fue: “Nunca más los sótanos del Estado”. Se refería a las agencias de inteligencia del Estado, que van a ser intervenidas y reformadas. Y, además, a la connivencia entre agentes de inteligencia, medios de comunicación hegemónicos y sectores del Poder Judicial. ¿Qué importancia tiene ese objetivo trazado? ¿Y qué objetivos concretos y factibles de conseguir se pueden alcanzar?

-Para mí ya tiene un gran valor que Alberto lo haya pronunciado. Porque ese punto no está contenido por la dimensión de reconstrucción del país, que él también anunció, sino que está en la dimensión más instituyente. Eso está siempre como un espectro en la Argentina. Con eso no se ha podido nunca. Y él fue muy contundente. Los que amamos a la Argentina, si queremos tener a un país de verdad, sabemos que no hay más remedio que asumir esa pelea. Y a mí me emocionó especialmente ese tramo del discurso de Alberto. Sobre todo por las últimas circunstancias: todos esos operadores judiciales, mediáticos, que están todo el tiempo siempre asediando la vida política del país. A mí me pareció muy determinante, porque esa es la impresión que tuve, que Alberto haya querido iniciar una nueva cultura política en la Argentina.

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