Por Gabriel Link -
Respondiendo a una invitación del ex secretario de DDHH de la provincia de Corrientes, Pablo Vassel, participé este sábado de una experiencia muy particular, una visita guiada virtual a la Casa de Ana Frank, que no es otra cosa que un recorrido por la vida de una niña judía alemana que, entre sus 13 y 15 años supo reflejar de manera increíble en un diario personal las vivencias a las que, junto a su familia, fue sometida por el régimen nazi, del cual finalmente fue víctima.
La visita sirve, además de para conocer parte de la historia de la familia Frank y reconstruir un tramo de la evolución del nazismo en Alemania y su expansión por Europa; para demostrar que la dictadura de Videla se imaginó en buena medida en espejo con las acciones de las hordas hitlerianas en el viejo continente. Entre imágenes impactantes y narraciones desgarradoras, resuenan profundas las reflexiones “brutalmente” maduras de una niña que jamás llegó a ser adulta. Aunque suene paradójico, la inmortal Ana Frank vivió apenas 15 años.
Un punto saliente en esta visita virtual fue descubrir que los y las “guías” son chicos y chicas de entre 15 y 25 años, que recorren y hacen recorrer parte de la historia con una solvencia envidiable, saltando varias veces en el espacio-tiempo entre la Alemania nazi y la Argentina en dictadura casi sin que se note que ninguno de ellos estuvo allí, elles guían, pero a la vez invitan todo el tiempo a la audiencia a interactuar, e incluso a aportar ideas para enriquecer la muestra.
La historia
En julio de 1942, con el avance de las tropas nazis la familia Frank, proveniente de Fráncfort, Alemania, y exiliada desde 1934 en Holanda; debió esconderse en una vivienda que poseía la fábrica que el padre de Ana, Otto Frank, dirigía en Ámsterdam. Fueron 25 meses de miedo e incertidumbre, en los que durante el día la familia y otros cuatro refugiados debían vivir en silencio, pues ni siquiera los obreros sabían que tras esas paredes se escondían ocho personas por el solo “pecado” de haber nacido judíos. Junto a los Frank (las hermanas Ana y Margot, y sus padres Otto y Edith), se alojaban en el refugio la familia Van Pels (Hermann, Auguste y su hijo Peter) y un odontólogo, llamado Fritz Pfeffer.
En agosto de 1944 fueron descubiertos por la Gestapo y trasladados a diferentes campos de concentración en Alemania, El único sobreviviente de los ocho que se ocultaban en la vivienda de la fábrica Opekta fue Otto Frank. Ana fue enviada a Auschwitz el 2 de septiembre de 1944 y, más tarde, a Bergen-Belsen, donde murió de tifus a principios de 1945.
Los escritos de Ana fueron realizados entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944. En 1947, su padre decide publicar el diario y, traducido a todos los idiomas, se convirtió en uno de los libros más leídos en todo el mundo.
La visita es un “viaje” de dos horas y media que vale la pena realizar, una experiencia diseñada para que personas comunes nos mezclemos con militantes y defensores de los Derechos Humanos, llevándonos de la mano en una suerte de buceo por tiempos que destacan entre los más violentos de la historia, aunque siempre en clave de paz. Es un espacio en el que el “ni olvido ni perdón” subyace todo el tiempo, pero la palabra venganza no aparece ni una sola vez.

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