OPINIÓN

¿De que se ríe el boludo?

¿De que se ríe el boludo?

Por Gabriel Link –

El presidente se perdonó una deuda a sí mismo, o se la perdonó a su padre, o a su familia, o a su grupo empresarial. Infinidad de títulos son posibles (hoy) para presentar un acontecimiento más en semejante desmadre político que nos toca vivir a los argentinos desde hace poco más de un año.

Macri no para de reprimir, ni de quitarle derechos al pueblo trabajador, ni de otorgarles privilegios a los más privilegiados, ni de sacarles comida a los chicos, ni de perseguir políticamente a sus adversarios, ni de reducirles medicamentos y servicios a los viejos, ni de endeudar al país, ni de gastarse la plata de la Anses, ni de tomarse vacaciones, ni de negar el genocidio, ni de decir estupideces…

Por más que muchos gritamos “Macri, Pará la mano”, Macri no para.

Y ante cada noticia que surge (mala nuestra y buena de ellos, siempre) muchos pensamos “bueno, con esto va a tener que parar un poco”, y sin embargo nos sorprendemos pocas horas después con una nueva igual o peor.

Ni siquiera el año electoral parece impedirle seguir, lo cual permite pensar en que es cierto aquello que sostienen algunos “vinieron solo a saquear y cuando terminen se van”, sin importarles siquiera terminar el mandato. Pero, ¿será realmente cierto eso?, ¿o será como dicen otros, que vinieron con un plan para cambiar estructuralmente todo y perpetuar a la derecha en el poder, con la cara de este o con la de cualquier otro?. Pero, si fuera esta segunda opción, ¿Cómo lo conseguirían si pierden la elección de medio tiempo si el Plan B del stablishment se sigue deshaciendo como una massita en el te?, y, ¿Cómo podrían ganar la elección si no paran?. son muchas preguntas.

El cronista cree que Durán Barba se mantiene en las sombras, como aquellos médicos represores de la dictadura, que mientras los milicos torturaban a un compañero estaba presente para avisarles si podían seguir con la matraca o si debían parar un ratito, darle un respiro para que no se les muriera.

Una interrupción… dos dedos en la yugular… “pará, dale un respiro”, un poco de agua, quince minutos de descanso, de nuevo los dedos en la yugular y finalmente, “listo, dale un rato más”.

Esos “quince minutos de descanso” le sirven al Maquiavelo macrista para “medir” el impacto de las medidas económicas, de los titulares que los desnudan, de las denuncias, de los reclamos salariales… de todas las torturas a las que nos somete a diario el gobierno oligarca.

Pero cuesta entender que Duran Barba le siga diciendo “dale un poco más”, porque el negocio del consejero es ganar elecciones, no destruir pueblos. Si Macri pierde Duran se va.

Y Macri sigue, no para, se lo ve motivado, sin límites, convencido de que “palos a unos pocos indios” y “balas de goma a unos pocos delegados sindicales” detiene al pueblo en sus casas. Que eso lo amedrenta y lo mantiene a raya; y entonces sigue, montado en su soberbia le regala miles de millones a su papá, y escucha a los nuestros, y sigue aumentando la comida, y niega los Panamá Papers, y vacía empresas para después privatizarlas, y sigue tomando deuda que no van a obras… como lo hacía el menemato, como la Alianza.

Pero pareciera que alguien no está contemplando una realidad ineludible, esta Argentina saqueada por Cambiemos no es la misma Argentina saqueada por el “menemato” o por la Alianza. En aquel entonces el pueblo estaba quebrado, desesperanzado, desmotivado, carente de sueños, sin líderes.

Hoy el pueblo está movilizado, politizado y claramente liderado, el pueblo está expectante y listo para salir, la policía amedrenta a pocos, pero no a cientos de miles, y solo falta la orden, la organización, la convocatoria de su líder para que el pueblo salga.

El escriba no sabe cuál de las versiones citadas renglones arriba es la real, y en el ánimo de continuar con la metáfora tampoco sabe si el “médico” se equivoca en el diagnóstico o si el torturador no le está haciendo caso al médico y sigue adelante, imprudentemente, cebado por el odio, con una “matraca” que de continuar, lo llevará inexorablemente a encontrar su propia muerte. Claro, los tiempos son otros, y por suerte, esta vez, solo se tratará de una muerte política.

Y por si quedara espacio para una pregunta más, esta sería, ¿De qué se ríe el boludo?

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