ECONOMÍA

La paradoja de la economía argentina: Consumo explosivo y “la plata no alcanza”

La paradoja de la economía argentina: Consumo explosivo y “la plata no alcanza”

Por Alfredo Zaiat – 

La marcha económica está mostrando dos rostros opuestos que colaboran a la confusión general al momento del abordaje analítico acerca de qué está pasando: consumo record en algunos sectores con actividad industrial en constante crecimiento, al tiempo de ingresos de trabajadores y jubilados insuficientes en un contexto de inflación muy elevada. Con particularidades y todavía con rasgos heterogéneos diferenciadores, la economía argentina se está pareciendo cada vez más a las del resto de la región, tendencia que se acentúa luego del padecimiento de las recurrentes crisis macroeconómicas.

Durante mucho tiempo una forma de estudiar el proceso económico brasileño era sintetizarlo con el término Belindia. A mediados de la década de los ’70, el economista brasileño Edmar Lisboa Bacha acuñó esa definición para referirse a su país. Con este término apuntaba cómo unos pocos ricos vivían en condiciones parecidas a las de Bélgica, mientras la mayoría de la población empobrecida brasileña vivía en condiciones similares a las de India.

Esta es una forma de evaluar cómo se distribuye el ingreso y, al ser regresivo, cómo se profundiza la desigualdad pese a indicadores macroeconómicos generales positivos. No se trata de la discusión política sobre el vaso medio lleno o medio vacío de un ciclo económico, sino de interpelar un determinado régimen de acumulación que consolida la existencia de esas dos economías.

La economía argentina tiene doble cara
En estas primeras semanas de ministro de Economía, Sergio Massa, describió en dos oportunidades ambos rostros del actual comportamiento de la economía.

La primera fue en el discurso inaugural como titular del Palacio de Hacienda cuando dijo:

* “Tenemos que resolver esta doble cara de la Argentina, que crece al 6 por ciento anual y genera empleo, pero que tiene una enorme falta de confianza en su moneda, desorden del gasto, brechas de inversión pública y una enorme injusticia en la distribución del ingreso. Tenemos que enfrentar la inflación con determinación porque es la mayor fábrica de pobreza que puede tener un país”.

La segunda fue en el evento organizado por el Consejo de las Americas, en el Hotel Alvear, ante gran parte del establishment local, cuando avanzó con esta idea del siguiente modo:

* “Vivimos una realidad que tiene dos caras. Por un lado, números de la economía y realidades en distintas provincias y en distintas regiones que nos muestran una economía creciendo, en más del 5 por ciento, un empleo formal recuperándose y llegando a niveles inesperados. Por otro lado, la caída del ingreso en la Argentina en los últimos 6 años fue de más de 23 puntos. Tenemos que poner en nuestra agenda una mejora en la distribución del ingreso y políticas más fuertes y más firmes en la lucha contra la pobreza y la indigencia sin dejar de tener en claro que los dos grandes motores para destruir la pobreza son los trabajo y la educación”.

Qué pasa con el consumo general
En este contexto de distribución del ingreso regresiva se verifica un crecimiento sostenido de la economía en general, y una recuperación notable en varios sectores de consumo masivo. Esto explica los dos rostros de la presente economía argentina.

Leandro Renou publicó en Página/12 sendos artículos que dan cuenta del extraordinario momento del consumo en los rubros restaurantes y en supermercados y comercios de cercanía.

Por un lado, detalló un informe de la consultora Ecolatina en el cual se destaca que la actividad en los locales gastronómicos de la Capital Federal (el polo más importante en volumen de todo el país) contabiliza ventas por encima de 2015. O sea, el consumo en restaurantes se ubica por arriba de cualquiera de los cuatros años del gobierno de Mauricio Macri, y del último año del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner cuando el nivel de los ingresos generales de la población era superior al actual.

Por otro lado, mencionó el último reporte de la consultora privada Scentia, que realiza un relevamiento en todo el país y en diferentes canales de comercialización, desde pequeños locales hasta hipermercados. Aquí también se contabilizan niveles de consumo muy elevados. El mes pasado, las ventas del sector de comercialización de productos de consumo masivo subió 2 por ciento respecto a igual período del 2021, acumulando de este modo trece meses consecutivos de alza. Es un ciclo positivo que no se registraba desde el 2004, año de franca recuperación luego del estallido de la convertibilidad.

La venta de juegos y juguetes para el Día de las Infancias, que explica el 60 por ciento de las ventas para el sector, logró superar levemente los niveles del año pasado, al registrar un incremento del 2 por ciento en unidades. Las ventas fueron explicadas en un 80 por ciento por las promociones bancarias y el programa Ahora 12.

Esta misma tendencia positiva con registros record de ventas es confirmada por voceros de varios sectores vinculados al consumo general. Por caso, la producción y despachos de cemento supera los máximos marcados en 2017 y 2015; y la producción nacional de autos aumentó 37,9 por ciento con relación a igual mes del año pasado y en la comparación de los siete meses transcurridos del 2022 con respecto al 2021 se registró un incremento de 27,6 por ciento. Fue el mayor volumen de producción para un mes de julio desde 2015.

En el rubro turismo local y espectáculos culturales también se está verificando una evolución muy positiva, destacándose la velocidad con que se agotan las entradas para recitales de figuras internacionales y locales y para muchas obras de teatro tanto comerciales como de proyectos independientes.

Cuáles son los motores del crecimiento del consumo general
Este favorable panorama general contrasta con el clima socioeconómico dominante que, con lógica, está condicionado por tasas de inflación mensuales muy elevadas. De todos modos es necesario eludir, si se quiere comprender lo que está pasando, las sentencias que ignoran uno de los polos de este ciclo controvertido de crecimiento sin distribución. O sea, quienes sólo se abrazan a indicadores macroeconómicos positivos desestimando la situación crítica en los ingresos de una porción mayoritaria de la población. O de quienes sólo enfatizan el cuadro inquietante de alta inflación, caída de ingresos en términos reales, pobreza e indigencia para afirmar que existe una inmensa crisis macroeconómica.

Como los datos duros del fuerte aumento del consumo, con sectores en umbrales record, y de la expansión de la producción de bienes son incontrastables, resulta un ejercicio interesante indagar cuáles son los factores que explican esta bonanza junto a un cuadro crítico de alta inflación e ingresos populares insuficientes, que previsiblemente puede sorprender a muchos:

 

Se produjo un incremento de la masa salarial por la importante reducción del desempleo. Esto no significa salarios elevados ni que éstos le ganan a la inflación, sino que una mayor cantidad de personas tienen trabajo (formal e informal, incluyendo changas) y esto se traduce en un mayor ingreso agregado en la economía destinado al consumo. O sea, el desempleado no recibe ingresos, y un trabajador con empleo recibe uno aunque sea poco en relación a la evolución histórica del salario y respecto a la marcha de los precios. Ese dinero adicional en el circuito laboral se vuelca al consumo.
Debido a un cuadro general de ingresos bajos existe una casi nula capacidad de ahorro en la mayoría de la población, lo que impulsa a destinar esos pocos pesos que quedan disponible al consumo de bienes o, fundamentalmente, para el ocio y esparcimiento.
La salida de la pandemia precipitó el deseo de recuperar “tiempo perdido” en viajes, recitales y espectáculos culturales, entre otros. A lo que se le agrega el consumo postergado en bienes durables. En la pospandemia el consumo presente es una revancha por el pasado reciente y, fundamentalmente, una respuesta existencial a un futuro de incertidumbres.
Existe muchísimo ahorro en dólares acumulado por años, comportamiento que no se ha detenido. Las cotizaciones de los dólares bursátiles (contado con liquidación y MEP) y paralelo en 300 pesos revelan precios en pesos muy baratos de bienes y servicios medidos en billetes verdes, lo que impulsa esos consumos.
La tasa de interés negativa, además de las promociones (el programa Ahora 3, 6 y 12) y la posibilidad de comprar en cuotas sin intereses con tarjetas bancarias, en un régimen de alta inflación, fomentan el consumo.
Un contexto de inflación elevado incrementa lo que se denomina “velocidad de circulación del dinero”: los agentes económicos se desprenden lo más rápido posible de los pesos para que no se deprecien por el alza de los precios. Como las tasas de interés no son muy atractivas y las cotizaciones de los dólares financieros son elevadas y, por lo tanto, pocos son los billetes verdes que se podrían comprar con el saldo excedente mensual, esos fondos se destinan al gasto en bienes y servicios. O, quienes pueden, a la inversión en proyectos inmobiliarios en construcción, opción que es asociada a ahorrar en dólares porque las futuras unidades adquiridas en pesos serán cotizadas en dólares.
Un elemento externo que interviene en este proceso general de boom del consumo es el incremento del turismo del exterior impulsado por una paridad cambiaria paralela muy elevada. “Argentina es baratísima” para los viajeros extranjeros. El turismo receptivo aumentó 36 por ciento en julio en comparación con los dos meses anteriores, con el liderazgo en el ranking de los brasileños, seguidos por los chilenos, estadounidenses y mexicanos.

Qué pasa con la producción industrial
La mejora sostenida de indicadores de producción y consumo tiene su vinculación, en especial, con la expansión de la actividad industrial. Según el índice adelantado elaborado por el Centro de Estudios para la Producción CEP XXI -que toma el consumo de energía sobre la base de Cammesa-, en julio creció 3,5 por ciento interanual, con un mayor consumo en plantas de las industrias más relevantes, y 9,0 por ciento en relación con el mismo mes de 2019.

Según datos de Indec, en junio, la actividad industrial tuvo un crecimiento de 6,9 por ciento interanual y 19,7 por ciento respecto del mismo mes de 2019, anotando la mayor producción para un mes de junio desde al menos 2016.

Al considerar el total de la economía, los datos de mayo muestran una suba del 7,4 por ciento interanual, según el Estimador Mensual de la Actividad Económica del Indec. Con este dato, el acumulado de los primeros cinco meses de 2022 registró un alza de 6,2 por ciento interanual y de 2,2 por ciento frente al mismo período de 2019.

De las 15 actividades productivas, 14 crecieron en términos interanuales y 8 tuvieron subas respecto a mayo de 2019. Se destacaron las subas de hoteles y restaurantes, petróleo y minería, construcción y comercio.

El aumento de la actividad económica implica más empleo registrado: en mayo se crearon 59.700 puestos de trabajo respecto a abril y se completaron 17 meses de expansión del empleo. El sector privado asalariado formal aumentó en 25.200 asalariados y el público en 5400 trabajadores.

Desde febrero de 2020 (mes previo al impacto de la pandemia) a mayo de este año, el sector privado lleva creados casi 136.400 puestos. En los últimos seis meses, el ritmo de creación de puestos de trabajo formales en el sector privado viene siendo el mayor desde 2011. Este dato implica un incremento de la masa salarial global en la economía.

No es medio vaso lleno o medio vacío, es desigualdad
Para analizar esta situación económica paradójica resulta instructivo el documento de trabajo N°18 “La distribución del ingreso en la etapa actual”, cuyos autores son Pablo Manzanelli, Leandro Amoretti y Eduardo M. Basualdo, del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra-CTA) y Flacso- Area de Economía y Tecnología. Es una investigación mencionada aquí hace dos semanas, la cual analiza la cuestión distributiva con los datos del Indec de la “Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra”. Antes se evaluaba a partir de la distribución funcional del ingreso entre los asalariados y el capital.

Esta referencia metodológica está en función de precisar los resultados entregados por el informe, que en forma sintética ofrece el siguiente cuadro distributivo, en el período 2016-2021:

El sector del capital subió de 40,2 a 47,0 por ciento.
El sector del trabajo bajó de 51,8 a 43,1 por ciento.

Los investigadores lo dicen de este modo: “Entre los años extremos, los cambios más relevantes consisten en un incremento muy significativo en la participación relativa de los empresarios entre 2016 y 2021 que alcanza a 7 puntos del valor agregado total, mientras que la de los asalariados registrados y no registrados desciende en casi 9 puntos también sobre el valor agregado”. Para agregar que “en términos de los trabajadores en su conjunto, esa acentuada reducción es mitigada por el incremento de la participación de los cuentapropistas que mejoraron su participación relativa en prácticamente dos puntos”.

Una de las reflexiones que entrega el informe es que el excedente empresario tiene cuantitativamente altas y bajas durante el período considerado pero su rasgo más significativo “es el considerable incremento que exhiben en el 2021 donde alcanzó el valor máximo del período bajo análisis”.

En el marco de una retracción del 3,4 por ciento del valor agregado (o sea, del crecimiento de la economía) se registra una disminución notable en los ingresos de los trabajadores y un incremento no menos importante del excedente percibido por los integrantes del capital, especialmente tratándose de un proceso que transcurre en seis años.

En resumen, el crecimiento o recuperación de la economía, que tiene reflejo en el boom de consumo, quedó en manos del capital a costa del ingreso de los trabajadores. Este resultado constituye el núcleo del conflicto político interno en el Frente de Todos y,  por ahora, no tiene una respuesta para revertirlo con miras a las elecciones presidenciales del año próximo.

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